EL ARBOL, EL BUHO Y LA LUNA LLENA…

Cuenta un cuento que…
En lo alto de una colina vivía un gran árbol de hojas verdes y brillantes.
Amaba tanto su follaje que, cuando llegó el otoño, se negó a soltarlo.
—Si dejo ir mis hojas, me quedaré desnudo… me veré débil —pensaba.
Los días pasaron, el viento soplaba fuerte y le pedía:
—Suelta, hermano, es tiempo de descansar.
Pero el árbol se aferraba con más fuerza.
Las hojas, secas y cansadas, susurraban:
—Déjanos ir… nuestro viaje ha terminado.
El árbol, terco, respondía:
—No. Sin ustedes, no soy nada.
El invierno llegó con su frio inmenso…
Las ramas, cargadas de hojas muertas y escarcha, comenzaron a quebrarse bajo el peso.
El árbol sentía dolor, pero no entendía que aquello venía de retener lo que ya no le pertenecía.
Una noche de luna llena, un viejo búho se posó en sus ramas y le dijo:
—¿Sabes por qué los árboles dejan caer sus hojas?
—No… —respondió el gigante, cansado.
—Porque solo así, en primavera, pueden nacer hojas nuevas.
Si nunca dejas ir, nunca podrás recibir.
El árbol cerró los ojos.
Con un suspiro profundo, permitió que el viento se llevara cada hoja seca.
Sintió frío… pero también una extraña ligereza.
Meses después, la colina se cubrió de brotes verdes.
El árbol volvió a vestirse de vida, esta vez más fuerte, más alto y más bello que nunca.
Ese día comprendió que soltar no es perder… es abrir espacio para lo nuevo.
Queridos Susurrantes… tengan en cuenta esta lección en esta luna llena azul, única porque pasaran tres años antes que se repita… a soltar, a dejar ir lo que no es para ti, lo que cerro un circulo, lo que te lastimo, te postergó, te dejó sin autoestima…
Ahora es el momento de recordar el consejo del viejo búho:
Si nunca dejas ir, nunca podrás recibir.
Buen martes, de luna llena, luna azul, luna de “soltar”.
Walter